La intervención parte de una edificación rural tradicional para transformarla en una vivienda contemporánea. El diseño apuesta por conservar al máximo los muros de mampostería existentes, integrando la iluminación y ventilación necesarias mediante estrategias respetuosas y discretas. Las nuevas aperturas se retranquean hacia el interior, generando patios abiertos que articulan el espacio sin alterar la envolvente original.
La vivienda cuenta con una superficie construida de 155,98 m² distribuidos en dos plantas. La planta baja acoge las zonas de día —salón, cocina, comedor y aseo—, mientras que la planta superior alberga el dormitorio principal con baño y dos dormitorios adicionales. El núcleo de escalera, situado en el centro, organiza la distribución y aporta luz natural a ambos niveles.
Se mantienen los elementos estructurales existentes siempre que es posible, reforzando o adaptando aquellos necesarios para cumplir con los nuevos usos. El cuerpo central, de nueva construcción, se resuelve con materiales contemporáneos que contrastan con los muros originales. Las nuevas carpinterías se sitúan en planos interiores para preservar la imagen exterior de la edificación.
Transformar sin borrar: una reforma que conserva y reinventa.
El proyecto de vivienda unifamiliar en Luces representa una manera de intervenir en el patrimonio rural desde el respeto, la sensibilidad y la intención contemporánea. Lejos de imponer una estética ajena, la propuesta parte de la escucha atenta del lugar: los muros de mampostería, el paisaje agrícola que lo rodea, las preexistencias formales y constructivas. La intervención no busca negar el pasado, sino acompañarlo hacia un nuevo uso. Las aperturas controladas, el juego de retranqueos, la introducción de luz natural y la articulación volumétrica desde el núcleo central de comunicaciones permiten convertir una antigua cuadra en un hogar eficiente, luminoso y funcional, sin renunciar a su esencia.
El proyecto reivindica una arquitectura que valora lo existente, que transforma desde lo mínimo y que apuesta por convivir con la memoria del lugar. Cada decisión —desde la distribución interior hasta el uso diferenciado de materiales— se plantea como un gesto de continuidad y evolución. Esta vivienda es, en definitiva, una muestra de cómo la rehabilitación puede ser una herramienta potente para habitar el territorio con identidad, sin renunciar a las exigencias del presente. Una forma de arquitectura que construye futuro sin olvidar de dónde viene.
